martes, 6 de octubre de 2015

"Descripciones hiperbólicas" (I)


Alto como un edificio, moreno como la canela, delgado como un palillo pero tan fuerte como un tigre. Tiene la barba tan blanca como la nieve, corta y bien cuidada como el césped; los ojos verdes como unos guisantes pequerrechos y las cejas como la melena de un león: una mitrada penetrante; de nariz como un triángulo escaleno, la boca tan pequeña como un pajarito volando, las orejas agudas como las de un ratón y el pelo gris como una nube de tormenta.

De carácter fuerte como un cráter. Elegante como un abogado, bueno como un ángel, dulce como una gominola y más responsable que un político.

Más gracioso que un bufón y muy hablador; pero cuando está de mal humor, se le pone la cabeza (grande) y la nariz normal... ¡Y las piernas un poco más largas! Los brazos tan peludos como los de un gorila, y sus dedos tan largos como la trompa de un elefante.
Tan hábil que engaña hasta a su reflejo. 

Con tantas camisas de cuadros que, al llegar a clase, a todos se nos cruza la mirada.
 
Trabajador como un chino. Con un maletín tan grande que no entra por la puerta, por lo que deben abrirle el portalón. Corrige como un rayo, más veloz que la luz.


2 comentarios: