martes, 26 de noviembre de 2013

"La Reina Loba"


Cuentan que, en la provincia de Ourense, vivió una poderosa mujer, tan cruel y soberbia, que era llamada por los campesinos "La Reina Loba".
Para su manutención y de sus allegados (tan despiadados como ella misma), obligaba a sus súbditos a entregarle, cada día, una vaca, un cerdo y una carreta llena de otros alimentos.
Las familias campesinas se turnaban en esta entrega de vituallas, por miedo a sus servidores, que arrasaban casas, incendiaban cosechas y asesinaban a todos los habitantes de las aldeas en las que alguna familia se hubiese negado a entregar lo que se les reclamaba.
En este clima de terror vivía la comarca entera.
Cuando le tocó el turno de entregar los alimentos al pueblo de Figueirós, sus vecinos se reunieron en asamblea y decidieron no pagar un tributo que les arruinaba. Pero decir "no pagaremos" no era suficiente, porque la reina mandaría contra ellos a sus huestes y serían perseguidos y muertos.
Decidieron que si habían de morir de hambre o a mano de los sicarios de la Loba, mejor sería morir combatiendo contra ella; así que se armaron lo mejor que pudieron. Hicieron lanzas y jabalinas, arcos y flechas, tomaron piedras y garrotes, y en la oscuridad de la noche se pusieron en camino hacia el castillo de la malvada mujer.




Ella y sus secuaces dormían. Fiados en el terror que infundían en la comarca, descuidaron la vigilancia.
Nunca nadie se había atrevido a desafiar su poder, ni contaban con que tal cosa pudiera suceder.
Sigilosamente, los vecinos treparon murallas y abrieron puertas sorprendiendo a sus sicarios.
Un breve, pero encarnizado combate, dio la victoria a los lugareños, que se lanzaron escaleras arriba en busca de su opresora, que se había refugiado en la torre más alta; pero ninguna puerta era lo bastante segura para resistir a los decididos asaltantes.



Cuando vio caer su última defensa ante el empuje de sus enemigos, y no queriendo someterse a quienes ella consideraba sus esclavos, corrió hacia la ventana y se arrojó al vacío, muriendo destrozada sobre las rocas.
Con su muerte, acabó el suplicio de todos los habitantes de la comarca, que recordarán durante siglos, en romances y canciones, el valor de los vecinos de Figueirós.

Nicolás Rioboó








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