
¡HABÍA UN HADA VOLANDO!
No se lo creía. Ella le dijo que, si no cortaba el árbol, le concedería tres deseos. ¡Y así lo hizo!
El leñador llegó a su casa. Tenía sopa de patata y se quejó, porque el día anterior ya la había comido; deseó tener una salchicha y cumplió su primer deseo.
Después se lo contó a su mujer, que deseó que la salchicha se le pagase a la nariz. ¡Y así fue! Se la intentó sacar, pero no lo consiguió y deseo que nada de eso hubiera pasado: ¡Su tercer deseo!
¡GASTARON LOS DESEOS PARA NADA!
Sara
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