Era un día soleado y estábamos plantando en el jardín, cuando a mi madre se le ocurrió una gran idea: comprar un frasco de cristal para plantar.
Nos vestimos, nos pusimos la ropa necesaria y salimos a por el futuro terror de mi hermano.
Al volver, preparamos todo, ya estaba listo.
Como Asier, mi hermano, no había venido a por el frasco, tampoco sabía de qué material era... Así que lo cogió y, sin querer, lo apretó, explotó y le cortó toda la palma de la mano.
Al verlo, mi madre fue corriendo a coger un trapo y lo mojó en agua.
Cuando nos dirigíamos al materno, yo me iba burlando de él.
¡Y esa fue la paranoia de los últimos cinco años!
Nico
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