Allí pasó su infancia, porque sus abuelos maternos habían emigrado a ese país en busca de una mejor vida.
Cuando tenía quince años, su camino se transformó por completo. Su familia decidió volver a Galicia; aquello fue como empezar una nueva aventura: tuvo que dejar atrás todo lo que conocía.
Al llegar, se encontró con una gran dificultad: no sabía hablar ni castellano ni gallego.
El instituto se le hizo muy complicado y, debido a ello tuvo que repetir curso. Sin embargo, decidió no rendirse.
Poco a poco fue aprendiendo el idioma, haciendo amigos y adaptándose al lugar.
En solo un año consiguió hablar español perfectamente e incorporarse al equipo de fútbol de su pueblo, algo que le hacía mucha ilusión.
Luka

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